18/08/2008
Bueno, último día, una pena, pero es lo que hay. No teníamos dinero para quedarnos más días, pero no nos quejamos en absoluto. Han sido 4 días perfectos, hemos visto muchas cosas que nos han gustado y hemos desconectado y salido de Bilbo durante un tiempo, algo que queríamos y creo que nos ha venido muy bien.
La primera tarea dura del día ha sido hacer la mochila. No ha sido demasiado fácil meter a presión todo lo que teníamos, es decir, todo el material extra que hemos ido “adquiriendo” a lo largo de estos días. En mi pobre mochila no entraba todo, así que le he tenido que pedir un poco de espacio de la suya a Nahikari... Al final nos hemos apañado, y hemos bajado a desayunar. Yo estaba que me caía del sueño y el cansancio, porque no puedo decir que durmiera muy bien ningún día. La cama era cómoda, pero como empieza a clarear a las 5.30 de la mañana y lo de las persianas allí no se estila, pues me entraba un poco de luz, y ¡¡no me quedaba dormida otra vez!!. Entre dormir poco las 3 noches, y el cansancio acumulado, pues os podéis hacer una idea.
Después de coger fuerzas con el desayuno, nos cargamos las mochilas a la espalda (que pesaban como un demonio) y nos fuimos en metro hasta “High Street Kensington”. Había estado lloviendo toda la noche, pero para las 10 de la mañan
a ya había parado, tal y como pronosticó el hombre del tiempo de la bbc el día anterior por la noche. ¡¡Que le vimos en la tele que conseguimos hacer funcionar!! Así que nuestro plan de dar una vuelta por Hyde Park era perfecto porque estaba saliendo el sol y todo. Empezamos por el Palacio de Kensington y sus jardines. Dimos una vueltilla y vimos un banquito que no estaba mojado y aprovechamos a descansar un ratillo de las mochilas. Qué bien se estaba... al solcito de primera hora que calentaba lo justo, en los jardines de Palacio; vamos, como unas auténticas reinas. Después del obligado
descanso, seguimos y aterrizamos en un lago precioso con patitos y cisnes (nuestro laguito de los cisnes, jajaja). Miré por curiosidad el otro día en el mapa y se llama “Round Pond” en los jardines de Kensington. No sabíamos el nombre, porque el mapa la verdad lo miramos muy poco, lo estrictamente necesario. Después de unas cuantas fotos, seguimos dando un paseo. Es un sitio muy bonito, merece la pena.
Luego llegas a una pequeña carretera con un puente que separa estos jardines del propio Hyde Park. Fuimos a ver el “Lady Di Memorial Fountain”,
un sitio también muy bonito y que merece la pena ver. Es una fuente diferente, no la típica que todos pensamos. No sé cómo explicarlo, es como si fuera un circuito, por decirlo de alguna forma, de F1, a ras de suelo, y el agua va corriendo por ahí. Tiene desniveles y cae en plan mini cascada en algunos sitios, y hace un ruidito muy relajante. Como no, ésta fue otra parada obligada para descansar de las mochilas. A poco más y nos quedamos allí dormidas, tumbadas al borde de la fuente, con el ruidito del agua. Y es que ¡¡encima hacía sol!!. Algo que todavía me sigue asombrando teniendo en cuenta la fama de Londres. Pensaréis que paramos cada dos metros, pero la verdad es que los parquecitos vienen siendo grandres, y te das una paliza maja, y más con las mochilas al hombro.
Mientras seguíamos camino de nuestra siguiente “parada en ruta” pasamos por debajo de una especie de mini puente en el que había un socorrista del lago que hay, que era un chico de “How old are you?”, como dice Nahikari. Majete el chaval... Bueno, a lo que vamos. Salimos del parque, y llegamos a Harrod’s. Un encantador segurata nos dijo que las mochilas había que dejarlas en consigna, y que fuéramos a la puerta 3. ¡¡No se hacían a la idea del favor que nos estaban haciendo!! Tuvimos que pagar 3 libras por cada mochila, pero éramos libres para dar todas las vueltas que quisiéramos por allí. Antes he dicho que el mapa lo utilizamos poco, pero la verdad es que podrían darte un plano de Harrod’s, porque eso es un puñetero laberinto.
Yo que todavía me pierdo en el Corte Inglés, os podéis hacer una idea de lo perdida que iba. Pasas de una sala a otra, en cada una a hay cosas diferentes, pero es que cada espacio tenía otros 3 accesos diferentes a más zonas, y nunca llegabas a donde querías. A mí me recuerda a los libros aquellos en los que te decían “si quieres que pase no sé qué, vete a la página tal”. Y nunca encontrabas la historia que querías. Pues algo así pasaba en Harrod’s. 20.000 vueltas y al final una dependienta nos preguntó si queríamos que nos ayudara, y ya que estaba aprovechamos a preguntarla, porque queríamos llegara a la tienda de regalos. Al final aterrizamos en la zona de chocolates y no en la tienda de regalos, pero no nos importó. Aunque antes de llegar, pasamos por el "Christmas World", sí sí, como lo oís, toda una zona de adornos y cosas navideñas. no sé si lo tienen todo el año, pero la verdad es que verlo en pleno agosto, no deja de ser chocante. Después de las compras de rigor en la zona de chocolates (a lo de Navidad no me animé, porque se me iban a romper los adornos en la mochila), y de dar muchas vueltas a la cabeza para decidir cuál de todos aquellos manjares llevar a casa, nos fuimos a buscar algún sitio para comer por la zona, aprovechando que nos guardaban las mochilas.
El McDonald’s de la calle de Harrod’s estaba hasta arriba, así que fuimos a los restaurantes que había al otro lado de la calle. Acabamos en un italiano que no merece la pena perderse. ¡¡Qué bien comimos!! Se llama Café Montpeliano. La pasta es fresca, muy buena. Los camareros hablan italiano, así que parecía un italiano en toda regla. De precio igual que los demás más o menos, creo que este fueron 13 libras cada una, y por el bocata del día anterior pagamos creo que 11 o así. Y en este italiano comimos lasagna y ravioli o una de esas pastas rellenas y con salsa de setas. Riquísimo. Definitivamente en Londres se puede comer bien. Este restaurante está en la misma calle de Harrod’s, pero en la acera de enfrente, muy cerca del centro comercial.
Volvimos a Harrod’s a por las mochilas, y nos perdimos un poco, porque fuimos a buscar un baño y al bajar aquello era un lío, y encima teníamos prisa... Cogimos por última vez la barraca, y teníamos que hacer trasbordo e íbamos con el tiempo justo para llegar al bus, que salía desde Liverpool Street Station hacia el aeropuerto a las 15.05h. ¿Quién no ha oído hablar de la ley de Murphy? Por supuesto, tuvo que hacer acto de presencia. Perdimos los dos trenes que teníamos que coger justo, los oímos marcharse a los 2. Y había que esperar otros 4 minutos a cada uno de ellos. Empezaban los nervios. Si perdíamos el bus podíamos coger el siguiente, pero llegaríamos justas al aeropuerto. Más nervios. A mí me quedaba mi optimismo, y le dije a Nahikari, que la compañía al ser italiana, fijo que no salían puntuales, pero tampoco estaba segura, porque si la Ley de Murphy hace otra vez acto de presencia, miedo... La otra pregunta del millón: ¿dónde se coge el bus de vuelta? ¿en el mismo sitio? En la línea roja del metro conseguimos olvidarnos un poco de los nervios y del calor que hacía allí dentro, observando el modelito que llevaba una señora que teníamos al lado. Definitivamente para esto no tengo palabras, es imposible que os lo describa de forma que os podáis hacer una idea. Tendría unos 50 años calculo yo. Lo 1º: llevaba sandalias plateadas de tiras, con calcetines blancos. Vale que eso sea un clásico de los ingleses, pero es que el resto del modelito era casi aún peor. O sin el casi. Iba como un pastelito de fresa y merengue, para que os vayáis situando. Un niki que le quedaba pequeño, apretaíto. Iba leyendo el periódico y afortunadamente no se enteraba de nada, aunque por si acaso, Nahikari y yo comentábamos la jugada en euskera. Luego llevaba una faldita ni muy larga, ni muy corta, con volantes (todo el conjuntito era en rosa pastel). Y lo que “más” nos llamaba la atención, un delantal, o algo con esa forma, por encima. Y desde donde yo estaba vi que ¡¡lo llevaba sujeto con imperdibles a la falda!! No sé, indescriptible. Era como fresita. No podíamos sacar una foto, demasiado descarado, estaba justo pegada a nosotras... ¡¡Ah!! Y el bolsito que llevaba también era rosa eh? No os penséis que no iba conjuntada del todo...
Casualmente al lado en el metro, también llevábamos a una pareja que tenía en la mano el panfletillo de “terravisión”, la compañía de buses, y les preguntamos a ver si sabían dónde se cogía el de vuelta. Me dirigí a ellos en inglés y resulta que eran españoles y también iban con prisa a por el bus. Definitivamente resolvimos la duda, el bus sale del mismísimo sitio en el que te deja, ni de la acera de enfrente ni nada. Más fácil, mejor. Y ¡¡acerté!! Salimos tarde, así que llegamos bien. Muy justas, digamos que a en punto llegamos. Encontramos bastante tráfico pero llegamos en 1h más o menos.
Facturar equipaje, que por cierto vimos que pesaban 9 kg cada mochila, así que nuestras quejas están justificadas. Pasar las mochilas por un scanner en el que estuvimos cotilleando a ver qué se veía, y el señor nos preguntó ¡¡de quién era el juguete que había en la mochila!! Muy gracioso el señor. Cuando encontramos el acceso a puertas, pasamos la seguridad, no sin antes casi despelotarnos. Las chaquetas, joyas, cinturones, bolso y todo en las cajitas para pasar por el scanner, pero como extra el tipo nos pidió también las playeras. Así que un cuadro. Lo malo es que luego había que volver a ponerse las zapatillas, con lo bien que estábamos descalzas...
Una comprita rápida en el duty free para no perder la costumbre, y al avión. Un vuelo muy tranquilo también, aunque se retrasó un poco porque había mucho tráfico y tuvimos que esperar para despegar. Por lo demás todo perfecto.
Y hasta aquí la chapa. Ahora no queda más que volver a empezar a ahorrar, y en un tiempo hacer otra escapada de estas, que merece mucho la pena, y se lo pasa una muy bien. ¡¡Ah!! Y a ver si se nos apunta alguien más, eh? Que aquí Nahikari y yo parecemos las más ricas, que fuimos las únicas del talde en ir a Cuba, y años después hemos cumplido también con Londres. Así que a ver los demás. Y cualquier otro/a que se quiera apuntar. Podéis ir haciendo sugerencias de destinos interesantes y “económicamente posibles” dentro de lo que cabe.
Bueno, último día, una pena, pero es lo que hay. No teníamos dinero para quedarnos más días, pero no nos quejamos en absoluto. Han sido 4 días perfectos, hemos visto muchas cosas que nos han gustado y hemos desconectado y salido de Bilbo durante un tiempo, algo que queríamos y creo que nos ha venido muy bien.
La primera tarea dura del día ha sido hacer la mochila. No ha sido demasiado fácil meter a presión todo lo que teníamos, es decir, todo el material extra que hemos ido “adquiriendo” a lo largo de estos días. En mi pobre mochila no entraba todo, así que le he tenido que pedir un poco de espacio de la suya a Nahikari... Al final nos hemos apañado, y hemos bajado a desayunar. Yo estaba que me caía del sueño y el cansancio, porque no puedo decir que durmiera muy bien ningún día. La cama era cómoda, pero como empieza a clarear a las 5.30 de la mañana y lo de las persianas allí no se estila, pues me entraba un poco de luz, y ¡¡no me quedaba dormida otra vez!!. Entre dormir poco las 3 noches, y el cansancio acumulado, pues os podéis hacer una idea.
Después de coger fuerzas con el desayuno, nos cargamos las mochilas a la espalda (que pesaban como un demonio) y nos fuimos en metro hasta “High Street Kensington”. Había estado lloviendo toda la noche, pero para las 10 de la mañan
a ya había parado, tal y como pronosticó el hombre del tiempo de la bbc el día anterior por la noche. ¡¡Que le vimos en la tele que conseguimos hacer funcionar!! Así que nuestro plan de dar una vuelta por Hyde Park era perfecto porque estaba saliendo el sol y todo. Empezamos por el Palacio de Kensington y sus jardines. Dimos una vueltilla y vimos un banquito que no estaba mojado y aprovechamos a descansar un ratillo de las mochilas. Qué bien se estaba... al solcito de primera hora que calentaba lo justo, en los jardines de Palacio; vamos, como unas auténticas reinas. Después del obligado
descanso, seguimos y aterrizamos en un lago precioso con patitos y cisnes (nuestro laguito de los cisnes, jajaja). Miré por curiosidad el otro día en el mapa y se llama “Round Pond” en los jardines de Kensington. No sabíamos el nombre, porque el mapa la verdad lo miramos muy poco, lo estrictamente necesario. Después de unas cuantas fotos, seguimos dando un paseo. Es un sitio muy bonito, merece la pena.Luego llegas a una pequeña carretera con un puente que separa estos jardines del propio Hyde Park. Fuimos a ver el “Lady Di Memorial Fountain”,
un sitio también muy bonito y que merece la pena ver. Es una fuente diferente, no la típica que todos pensamos. No sé cómo explicarlo, es como si fuera un circuito, por decirlo de alguna forma, de F1, a ras de suelo, y el agua va corriendo por ahí. Tiene desniveles y cae en plan mini cascada en algunos sitios, y hace un ruidito muy relajante. Como no, ésta fue otra parada obligada para descansar de las mochilas. A poco más y nos quedamos allí dormidas, tumbadas al borde de la fuente, con el ruidito del agua. Y es que ¡¡encima hacía sol!!. Algo que todavía me sigue asombrando teniendo en cuenta la fama de Londres. Pensaréis que paramos cada dos metros, pero la verdad es que los parquecitos vienen siendo grandres, y te das una paliza maja, y más con las mochilas al hombro.Mientras seguíamos camino de nuestra siguiente “parada en ruta” pasamos por debajo de una especie de mini puente en el que había un socorrista del lago que hay, que era un chico de “How old are you?”, como dice Nahikari. Majete el chaval... Bueno, a lo que vamos. Salimos del parque, y llegamos a Harrod’s. Un encantador segurata nos dijo que las mochilas había que dejarlas en consigna, y que fuéramos a la puerta 3. ¡¡No se hacían a la idea del favor que nos estaban haciendo!! Tuvimos que pagar 3 libras por cada mochila, pero éramos libres para dar todas las vueltas que quisiéramos por allí. Antes he dicho que el mapa lo utilizamos poco, pero la verdad es que podrían darte un plano de Harrod’s, porque eso es un puñetero laberinto.
Yo que todavía me pierdo en el Corte Inglés, os podéis hacer una idea de lo perdida que iba. Pasas de una sala a otra, en cada una a hay cosas diferentes, pero es que cada espacio tenía otros 3 accesos diferentes a más zonas, y nunca llegabas a donde querías. A mí me recuerda a los libros aquellos en los que te decían “si quieres que pase no sé qué, vete a la página tal”. Y nunca encontrabas la historia que querías. Pues algo así pasaba en Harrod’s. 20.000 vueltas y al final una dependienta nos preguntó si queríamos que nos ayudara, y ya que estaba aprovechamos a preguntarla, porque queríamos llegara a la tienda de regalos. Al final aterrizamos en la zona de chocolates y no en la tienda de regalos, pero no nos importó. Aunque antes de llegar, pasamos por el "Christmas World", sí sí, como lo oís, toda una zona de adornos y cosas navideñas. no sé si lo tienen todo el año, pero la verdad es que verlo en pleno agosto, no deja de ser chocante. Después de las compras de rigor en la zona de chocolates (a lo de Navidad no me animé, porque se me iban a romper los adornos en la mochila), y de dar muchas vueltas a la cabeza para decidir cuál de todos aquellos manjares llevar a casa, nos fuimos a buscar algún sitio para comer por la zona, aprovechando que nos guardaban las mochilas.El McDonald’s de la calle de Harrod’s estaba hasta arriba, así que fuimos a los restaurantes que había al otro lado de la calle. Acabamos en un italiano que no merece la pena perderse. ¡¡Qué bien comimos!! Se llama Café Montpeliano. La pasta es fresca, muy buena. Los camareros hablan italiano, así que parecía un italiano en toda regla. De precio igual que los demás más o menos, creo que este fueron 13 libras cada una, y por el bocata del día anterior pagamos creo que 11 o así. Y en este italiano comimos lasagna y ravioli o una de esas pastas rellenas y con salsa de setas. Riquísimo. Definitivamente en Londres se puede comer bien. Este restaurante está en la misma calle de Harrod’s, pero en la acera de enfrente, muy cerca del centro comercial.
Volvimos a Harrod’s a por las mochilas, y nos perdimos un poco, porque fuimos a buscar un baño y al bajar aquello era un lío, y encima teníamos prisa... Cogimos por última vez la barraca, y teníamos que hacer trasbordo e íbamos con el tiempo justo para llegar al bus, que salía desde Liverpool Street Station hacia el aeropuerto a las 15.05h. ¿Quién no ha oído hablar de la ley de Murphy? Por supuesto, tuvo que hacer acto de presencia. Perdimos los dos trenes que teníamos que coger justo, los oímos marcharse a los 2. Y había que esperar otros 4 minutos a cada uno de ellos. Empezaban los nervios. Si perdíamos el bus podíamos coger el siguiente, pero llegaríamos justas al aeropuerto. Más nervios. A mí me quedaba mi optimismo, y le dije a Nahikari, que la compañía al ser italiana, fijo que no salían puntuales, pero tampoco estaba segura, porque si la Ley de Murphy hace otra vez acto de presencia, miedo... La otra pregunta del millón: ¿dónde se coge el bus de vuelta? ¿en el mismo sitio? En la línea roja del metro conseguimos olvidarnos un poco de los nervios y del calor que hacía allí dentro, observando el modelito que llevaba una señora que teníamos al lado. Definitivamente para esto no tengo palabras, es imposible que os lo describa de forma que os podáis hacer una idea. Tendría unos 50 años calculo yo. Lo 1º: llevaba sandalias plateadas de tiras, con calcetines blancos. Vale que eso sea un clásico de los ingleses, pero es que el resto del modelito era casi aún peor. O sin el casi. Iba como un pastelito de fresa y merengue, para que os vayáis situando. Un niki que le quedaba pequeño, apretaíto. Iba leyendo el periódico y afortunadamente no se enteraba de nada, aunque por si acaso, Nahikari y yo comentábamos la jugada en euskera. Luego llevaba una faldita ni muy larga, ni muy corta, con volantes (todo el conjuntito era en rosa pastel). Y lo que “más” nos llamaba la atención, un delantal, o algo con esa forma, por encima. Y desde donde yo estaba vi que ¡¡lo llevaba sujeto con imperdibles a la falda!! No sé, indescriptible. Era como fresita. No podíamos sacar una foto, demasiado descarado, estaba justo pegada a nosotras... ¡¡Ah!! Y el bolsito que llevaba también era rosa eh? No os penséis que no iba conjuntada del todo...
Casualmente al lado en el metro, también llevábamos a una pareja que tenía en la mano el panfletillo de “terravisión”, la compañía de buses, y les preguntamos a ver si sabían dónde se cogía el de vuelta. Me dirigí a ellos en inglés y resulta que eran españoles y también iban con prisa a por el bus. Definitivamente resolvimos la duda, el bus sale del mismísimo sitio en el que te deja, ni de la acera de enfrente ni nada. Más fácil, mejor. Y ¡¡acerté!! Salimos tarde, así que llegamos bien. Muy justas, digamos que a en punto llegamos. Encontramos bastante tráfico pero llegamos en 1h más o menos.
Facturar equipaje, que por cierto vimos que pesaban 9 kg cada mochila, así que nuestras quejas están justificadas. Pasar las mochilas por un scanner en el que estuvimos cotilleando a ver qué se veía, y el señor nos preguntó ¡¡de quién era el juguete que había en la mochila!! Muy gracioso el señor. Cuando encontramos el acceso a puertas, pasamos la seguridad, no sin antes casi despelotarnos. Las chaquetas, joyas, cinturones, bolso y todo en las cajitas para pasar por el scanner, pero como extra el tipo nos pidió también las playeras. Así que un cuadro. Lo malo es que luego había que volver a ponerse las zapatillas, con lo bien que estábamos descalzas...
Una comprita rápida en el duty free para no perder la costumbre, y al avión. Un vuelo muy tranquilo también, aunque se retrasó un poco porque había mucho tráfico y tuvimos que esperar para despegar. Por lo demás todo perfecto.
Y hasta aquí la chapa. Ahora no queda más que volver a empezar a ahorrar, y en un tiempo hacer otra escapada de estas, que merece mucho la pena, y se lo pasa una muy bien. ¡¡Ah!! Y a ver si se nos apunta alguien más, eh? Que aquí Nahikari y yo parecemos las más ricas, que fuimos las únicas del talde en ir a Cuba, y años después hemos cumplido también con Londres. Así que a ver los demás. Y cualquier otro/a que se quiera apuntar. Podéis ir haciendo sugerencias de destinos interesantes y “económicamente posibles” dentro de lo que cabe.
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