CAUSEWAY COAST. NORTHERN IRELAND.

Como lo prometido es deuda, aquí estoy, fiel a mis miles de seguidores en este blog. ;) Voy a empezar a hablar sobre las escapadas que hicimos para intentar ver lo máximo posible de Irlanda. No voy a empezar por la primera, si no que voy a empezar por la que para mí es más especial. Especial porque es donde más veranos he pasado, y posiblemente estos que a continuación voy a describir, son los sitios del mundo que más veces he visitado en mi vida. 7 veces para ser exactos. Y sin problemas podría volver otras 7 veces más, porque me parece espectacular, y no dudo en recomendárselo a todo aquel que se lo plantee. Merece la pena y mucho. Y quien no se lo crea, que compruebe las fotos, ya que una imagen vale más que mil palabras. Allá vamos con NORTHERN IRELAND.

Hay un pequeño dato que no he mencionado y es que en Irlanda cada dos meses hay un lunes que es fiesta, por ley. Así que todos los viajes los hemos hecho durante esos findes largos para aprovechar. Por lo que éste es un viaje de 3 días, del 5 al 7 de junio para ser exactos. Salimos de Dublín el sábado a la mañana, mucho más tarde de lo planeado, por supuesto, las tradiciones son las tradiciones. Íbamos un grupo de 20 personas, es decir 4 coches, con todas las grandes aventuras y desventuras que ello supone por carreteras desconocidas. Aunque cabe mencionar que como en este caso estábamos en el Reino Unido y no en la República de Irlanda, no había nada de lo que quejarse respecto al estado de las carreteras. Eso será otro cantar cuando hablemos de la excursión al Ring of Kerry…

Sigo, que me lio. Salimos tarde de Dublín, no sé la hora, pero mínimo hora y media más tarde de lo que teníamos pensado. Con mi consabido cabreo, porque esta excursión la organicé yo porque era la que lo conocía, y me desesperaba que nada más empezar ya fuéramos sin tiempo…

Después de unas 5 horas de viaje en coche, uno de los más entretenidos que haya podido tener (todo hay que decirlo), cantando y bailando en y con el coche, con la gran chofer Mireia, y yo de copiloto leyendo el mapa y dando instrucciones. Llegamos a Derry. Primero lo primero. Meter los coches al parking, sacar del maletero el pan bimbo, el jamón, el queso y el chicken no sé qué (una de esas cochinadas “typical irish” para meter al sándwich), buscar una campa, y hacer un pic-nic improvisado todos juntos. Y al acabar, de turismo por Derry. Derry es una ciudad de visita obligada en Irlanda del Norte. No se puede decir que sea una ciudad bonita, más bien todo lo contrario, pero aquí es donde ocurrió la masacre del “Bloody Sunday”. Para quien no conozca la historia, os pongo un link de la Wikipedia para que os informéis, merece la pena saberlo. http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Sangriento_(1972)

Es una ciudad amurallada, y la parte que está dentro de la muralla, es bastante pequeña, la verdad. Derry es la 4ª ciudad más grande de toda la isla de Irlanda, y teniendo en cuenta que Dublín es la 1ª y es del tamaño de Bilbo, nos hacemos una idea, no? Vamos, que de juguete. De todo esto se deduce, que Derry se puede ver en una tarde, por lo menos lo importante. Y lo importante es: dar una vueltilla por la ciudad amurallada (unos 15-20 minutos, si llega, andando de punta a punta), los murales, y el monumento a los asesinados en el Bloody Sunday. Y todo está juntito.

Tuvimos un leve incidente con la catedral… teníamos un plano de la ciudad amurallada con las 4 cosas para ver. En uno de los extremos está la catedral, así que hacia allá que fuimos. Y nos dimos de bruces con una Iglesia un tanto feuchilla, como anaranjada por eso del ladrillo y tal. No nos gustó especialmente, pero bueno, cualquiera sabe. Y entre dos, empezamos a pensar que algo no encajaba. No encajaba el hecho de que, según el plano, estaba dentro de la ciudad amurallada, pero técnicamente estaba fuera. Pegada al muro como quien dice, pero fuera. Nos quedamos un poco moscas, y nos acordamos de la navaja de Ocam (un principio filosófico según el cual cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja). Vamos, para entendernos todos, que habíamos mirado el plano del revés y la catedral estaba en el otro extremo de la ciudad… Así que a la chita callando y sin comentarle ese pequeño detalle a nadie, nos dirigimos hacia la catedral, la de verdad. Peeero… llegamos, y estaba en obras. ¡¡¡Qué novedad!!! Fuimos a entrar y un señor que había allí nos dijo que cerraban en 5 minutos, así que si eso, que nos diéramos prisa. Hubo quien no quiso entrar porque para verlo en 5 minutos... bueno, pues nos sobraron 3. Sorprende tremendamente, pero a mal. También debían estar reformándola por dentro, y estaba llena de andamios, y casi entera tapada, salvo un trozo en el que había unos poquitos bancos para que la gente pueda seguir yendo a misa, claro. Pero es que para colmo, todo el techo estaba lleno de ¡¡¡estandartes!!! Ninguno entendimos cuál era el sentido de semejantes banderolos raídos y con ese color viejuno colgados del techo. Pero si algo hemos aprendido en Irlanda, es que hay cosas que es mejor ni saber, ni preguntar, que hay gente para todo…

Después de ver Derry, nos dirigimos a Portstewart, un pequeño pueblo costero con mucho encanto (donde he pasado 5 veranos de mi vida), y en el que nos íbamos a quedar a dormir. Cuando llegamos, aparcamos los coches y justo al lado había una zona bastante bonita, con rocas curiosas y características de la zona, y no pudimos evitar quedarnos un ratito allí, disfrutando del paisaje, al borde del mar. Ni siquiera habíamos bajado las maletas de los coches, ni habíamos ido al b&b a decir que habíamos llegado, y no era muy pronto. Pero de repente… un precioso atardecer. ¿¿Quién se resistiría?? Después de un ratillo, decidimos mover el culo. Gracias a mi “amatxu irish” teníamos reservada una casa estilo b&b, que llevaba una pareja joven, y ahí pasamos la noche. Ni idea de cómo se llamaba. Sí que recuerdo que eran unas 12 libras por barba, unos 15€ aprox., pero limpito y bien. Así que allá que nos metimos todos, que por si no lo he mencionado antes, éramos unos 20. Si mal no recuerdo estábamos repartidos en tres habitaciones, y había 2 baños para todos. Y sí, por supuesto hubo bastantes colas en ciertos momentos, pero más o menos nos apañamos. Aunque quedar por la mañana a una hora y estar todos preparados resultaba como poco… complicado. Pero para complicado, CENAR!!!!! Alucinante. No era pronto, pero tampoco eran las 11 de la noche. Nos fuimos al pueblo de al lado, que en teoría es más grande, y hay más sitios para cenar. Ballycastle. Sí, sí, todo muy bonito, pero ¿¿¿dónde cenamos??? Bueno después de muchas vueltas, porque lo poco que había estaba todo lleno, algunos acabamos comiendo una pizza en un sitio de estos que cierra tarde. Aunque otros consiguieron ir a un restaurante con unas vistas estupendas y cenaron genial!! Luego tomar algo en un pub y a dormir, que algunos estábamos un tanto cansados.

A la mañana siguiente, nos dirigimos a la “Causeway Coast”, la mayor atracción turística de Irlanda del Norte. A lo largo de toda la costa norte hay unos cuantos lugares increíblemente bonitos. Imprescindibles más bien. Son todo paisajes, acantilados y lugares mágicos. Y yendo en coche es muy fácil verlos todos, ya que están muy cerca los unos de los otros. A 5, 10 minutos. Es un continuo subir y bajar del coche, pero merece la pena. En cuanto al tiempo… bueno, es Irlanda. De hecho, este año ha sido la única vez que yo he visto la Causeway Coast con sol. Las demás veces siempre me ha pillado lluvia porque fui en Julio, mes de lluvias (bueno, como los otros 11… jajaja). En este enlace que os pongo tenéis un mapa de todos los sitios de interés de la Causeway Coast. Si ponéis el cursor encima de los puntos rojos, os aparece una foto del sitio con una pequeña explicación. http://www.northantrim.com/temporary_map.htm

La primera parada creo que fue en “White Rocks”, una bonita y larga playa de fina y blanca arena, que no invitaba mucho al disfrute por lo pronto que era por la mañana, y sobre todo, por lo nublado que estaba y el fresquito que hacía. Eso sí, algunas nos tuvimos que descalzar, porque eso de andar con zapatos en la playa… como que no. Luego fuimos al “Dunluce Castle”, las ruinas de un antiguo castillo, al borde de un acantilado. Muy chulo. Se puede bajar unas escaleras y meterse dentro a enredar y dar vueltas por dentro de las ruinas. Por cierto, importante detalle: es gratis!! Aquí nos llegó a hacer acto de presencia el xirimiri. Por no hablar de la brisita que corría ahí al borde de los acantilados… Y ya andábamos soltando sapos y culebras, presagiando un viaje pasado por agua, nada agradable si se tiene en cuenta que todo lo que teníamos que visitar es al aire libre y al borde del mar. Pero… esto es Irlanda, así que surprise, surprise. En vez de a peor, resulta que a medida que pasaba el día hacía cada vez mejor. Y con esto quiero decir que se fueron las nubes y quedó un día soleado y precioso, no he mencionado nada respecto a la temperatura, ¿¿vale?? Jersecito y chamarra. Que por muy caribeño que llegara a parecer el paisaje en ciertas ocasiones, la temperatura no acompañaba a esa idea…

Y después de ver las ruinas del castillo, nos dirigimos hacia el “Giant’s Causeway” o Calzada del Gigante. Esto es un poco más difícil de explicar con palabras lo que es. Las fotos hablan por sí solas. “Es un área que contiene unas 40.000 columnas de basalto provenientes del enfriamiento relativamente rápido de la lava en un cráter o caldera volcánica que ocurrió hace unos 60 millones de años. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986, y Reserva Natural Nacional (National Nature Reserve) en 1987. Fue descubierta en 1693”. (¡¡Gracias Wikipedia!!). Pero como esto es Irlanda, siempre hay una leyenda detrás que lo explica todo. “Cuenta la historia que había dos gigantes, uno de Irlanda (Finn) y otro de Escocia (Bennandoner), que se llevaban muy mal y continuamente se tiraban rocas. De tanto tirar rocas se formó un campo de piedras sobre el mar. El gigante escocés decidió pasar el camino de rocas y derrotar a su adversario, pues éste era más fuerte que el otro. La mujer del gigante irlandés vio cómo venía el gigante escocés, así que decidió vestir a su marido de bebé. Al llegar el escocés y ver que el bebé era tan grande, pensó que su padre sería el triple de grande, así que huyó pisando muy fuerte las rocas, que se hundieron en el mar para que el otro gigante no pudiera llegar a Escocia”. (Gracias otra vez a mi amiga Wikipedia, aunque yo ya me sabía la leyenda, nunca me acuerdo muy bien). Y de esta leyenda viene por supuesto el nombre de este especial lugar. Ahhh!!! Antes de que se me olvide. Aquí ya tonterías las justas. Aquí se paga, pero tiene guasa el tema. Como al ser Reserva Natural Nacional no se puede cobrar entrada, sólo pagas el parking. Que parecían tontos, pero no. Sobre todo teniendo en cuenta que la única forma de llegar es en transporte porque está donde Cristo perdió el mechero, ahí en el medio de la nada LITERALMENTE. Hay precios diferentes por moto, coche o bus. El coche creo que eran 5 ó 6 libras.

Después de pasar un buen rato aquí haciendo fotos, disfrutando del sitio y descansando tumbados sobre las rocas (sí, un tanto incómodas sí que son), algunos se atrevieron a darse un bañito, por eso de decir que te has bañado en Irlanda. Y sinceramente, por mucho que sea uno de Bilbao, ahí el agua está fría de co***es. Palabrita. Ah!! Otra cosita a tener en cuenta en el Giant’s Causeway. El teléfono de emergencia en caso de accidente está justo a la entrada y es amarillo chillón. Según llegas a mano derecha. Nada, las cosas importantes hay que dejarlas claras. No es que lo tuviéramos que usar, sólo dejémoslo en que hay una personita por ahí en el mundo que tiene dos cumples en su vida, y uno de ellos es el 6 de junio de 2010.

Seguimos con nuestro viaje. La siguiente parada fue White Park Bay. Como he comentado anteriormente, todas estas cosas están muy cercas las unas de las otras, apenas a 5 ó 10 minutos en coche. En este caso fueron 5 o menos, porque sólo recuerdo haberle dado un grito a Mireia para que frenara porque nos pasábamos. Ella frenó en seco y comprobamos que los 3 conductores de los otros coches gozaban de estupendos reflejos, aunque gastaran un poco de mala leche al bajar del coche. Siempre entonaré el mea culpa por eso. Jajajaja. Total que tanto lio para que al final White Park Bay no sea más que una playa. Bonita, pero bueno, nada fuera de lo normal. Sólo estuvimos viéndola desde arriba. No llegamos a bajar.

Siguiente parada… la otra guinda del pastel: “Carrick-a-rede” o el puente de cuerda. Ese es el nombre en gaélico. Es un puente colgante de cuerda a unos 25 metros de altura, que une la costa con una pequeñísima isla a la que los pescadores iban (¿van?) a pescar salmón. Sólo abre durante los meses de verano, bueno del verano irish. En invierno es demasiado arriesgado. Los días de muy mal tiempo o mucho viento no se permite el paso al público. Un buen consejo que nos dieron hace muchos años, una de las primeras veces que estuve, es que si no estás seguro de pasar, no lo hagas. Porque si pasas pero luego te da un aire y no eres capaz de volver, la única forma de salir de ahí es el helicóptero, y sería una movida exagerada… jajaja. A decir verdad no da mucha cosa pasar. La verdad es que ahora está bastante más seguro. Pero como pegue el viento… miedito, porque se mueve. Al otro lado, en la islita esa, lo dicho. Nada de nada. Sólo hierba. Y como medida de protección para no despeñarte, una siempre eficaz soga. Una impenetrable barrera que evita cientos de caídas al vacío cada año. Wellcome to Ireland!!! Y visto que no había nada que hacer ahí, y que salía el sol, pues todos tumbaditos en la hierba a improvisar un espacio chill-out. No lo he mencionado antes, pero aquí también hay que pagar. 5.60 libras cada uno. Un robo vaya. Teniendo en cuenta que tienes que andar uno o dos kilómetros sobre una agradable gravilla (no llevar sandalias!! Aunque si no eres guiri, tampoco es que eso se te fuera a ocurrir, pero por si acaso), y luego te juegas tú la vida cruzando, pero es lo que hay, a apoquinar. Y lo de precio de grupo un timo!! Éramos 19 (hubo quien se echó atrás), pero como no era un grupo organizado… ¡¡¡ya qué no!!! Con lo bien que lo tenía yo organizado todo. Gentucilla...

Al volver, otro de nuestros pic-nics improvisados, marca de la casa. Aunque era más la hora de la merienda que de la comida. Y seguido, dirección Belfast. Llegamos sobre las… ni idea. 6? 7? Nu sé. Llegamos justo en el momento que a mí me dieron el día libre, cuando ya no me necesitaban para dar las indicaciones. Justo en ese momento en el que dije, aprovecho y me duermo. Justo en ese momento llegamos. Fuimos a registrarnos al “Youth hostel”. Vaya cachondeo!!! No tuvimos suerte y tuvimos que dormir en 2 habitaciones. Sí, en dos. 4 personas en una habitación con baño dentro (aunque compartían con extraños), y los otros 16 juntitos y con un baño fuera a compartir con otras dos habitaciones. Así que acabamos haciendo propios los demás baños de nuestra planta, porque si no ya me diréis… Una habitación con 8 literas. Aquello era para verlo. Pero ¡¡lo bien que dormimos!! Aunque después de salir de fiesta y semejantes palizas en el viaje, normal. Cenar en Belfast. Pues como en cualquier otro pueblo de Irlanda. A las horas que fuimos, en casi ningún sitio. El McDonald’s cierra a las 11, que lo sepáis. Llegamos a menos 5. Pero cenamos. Encontrar, sin estresarte, un sitio para cenar en Irlanda creo que es lo más difícil que hay en el mundo. Nosotros no lo hemos conseguido. Y era un McDonald’s!!! Viven en un mundo paralelo. Wellcome to Ireland, esa era nuestra frase para explicar todos los fenómenos paranormales que nos ocurrían allí.

Antes de cenar estuvimos dando una vuelta viendo los murales que hay también por allí. Y por eso se nos hizo tarde. Es que esa filosofía que llevamos desde aquí de “Va, tranquil, ya encontraremos algún sitio para cenar, aunque sea un bocata”, ¡¡¡NO FUNCIONAAAA!!! Después de cenar, fuimos a dar una vueltilla, buscando algún pub a ciegas porque no conocíamos nadie nada de la ciudad (y no había gente en la calle para preguntar). Y al final encontramos uno. Nos querían cobrar 10€ por persona para entrar, y como dijimos que nos íbamos, nos los dejaron en 5€ (pero porque estaba vacío!!) jajaja. Cuando empezó a llegar algo de gente ya nos dimos cuenta de que era un bar de ambiente, pero como estábamos estupendamente bien, no conocíamos más y cerraban pronto, pues allí nos quedamos. Y de allí, todos directos a las superliteras.

Al día siguiente un poco de turismo por Belfast a la mañana. A decir verdad, no es que sea una ciudad muy bonita, porque Irlanda se caracteriza por sus paisajes, pero no por sus ciudades. Belfast es una ciudad en la que sigue muy latente la problemática “católicos-protestantes”. Las dos zonas están valladas, o herméticamente cercadas mejor dicho. Y apartir de cierta hora de la tarde, se cierran las puertas a cal y canto, y ahí no hay quien entre o salga. Es sólo en una zona de la ciudad, no toda ella es así, pero llama la atención.

Aparte de los murales, que sí que merece la pena verlos, lo más remarcable es el ayuntamiento. A mí me parece espectacular. Por dentro también se puede ver, hay visitas guiadas, pero a nosotros no nos coincidió ninguna, no teníamos tiempo. Aunque sí que nos metimos dentro a curiosear un poco, y es muy bonito. Dimos una vueltilla por la ciudad viendo todo lo que había, que no es mucho, y ya nos tuvimos que volver a Dublín, que había gente que tenía que coger autobuses para llegar a sus ciudades/pueblos, y lo que es peor, había que devolver los coches a una hora determinada. Y como no, tuvimos que llamar a la empresa de alquiler para decir que llegaríamos un poco tarde, para evitar que nos cobraran el extra.

Y acabo toda esta historia diciendo que Dublín nos recibió de la mejor manera que sabe. ¡¡¡¡LLOVIENDO!!!!

Si no habéis desfallecido después de leer toooodo esto, os recomiendo que vayáis mirando el calendario, para elegir fechas y vuelos para hacer una escapadita hacia Irlanda del Norte.

Agur!!