GOTITAS DE AGUA DULCE...

29-10-07

Nos levantamos a las 5,30 h., pues tenemos el vuelo a Iguazú a las 7h. Dejamos las maletas en consigna del hotel, y nos vamos con una mochila. El viaje es con la compañía Lan, y el vuelo sale a su hora (por lo visto la informal es A:A).
Llegamos a Iguazú a las 9 h., nos estaba esperando un guía, e inmediatamente empezamos la excursión.

Las CATARATAS DE IGUAZU están situadas en una curva del río Iguazú en la frontera con Brasil, tienen una longitud de casi 3 km. y están compuestas por unos 275 saltos (en la época de lluvias pueden llegar hasta unos 350), de los cuales sólo unos 140 tienen nombre propio. Su altura máxima es de 60/70 mts. Están rodeadas de una densa y frondosa selva.

El lado argentino te ofrece, quizás, la oportunidad de disfrutarlas más de cerca, pero la panorámica del lado brasileño es magnífica, por eso hay que verlas, sin lugar a dudas, desde los dos lados, y si tienes tiempo, también desde el aire (hay helicópteros que las sobrevuelan).

Debido a que han montado 5 centrales eléctricas (brasileñas y argentinas) en el curso del río, el caudal de las cataratas está controlado, pudiendo variar su caudal entre 1500 y 8000 m3/seg. . No sabemos muy bien cual sería el caudal que tenían el día que nosotros las vimos, pero nos parecieron impresionantes.

Lado Argentino

Las cataratas están dentro del Parque Nacional de Iguazú, patrimonio de la humanidad desde 1984, por lo que al llegar a la entrada tenemos que comprar los correspondientes tickets (20 Pesos/pers.) Aquí también te venden los famoso impermeables, pero el guía nos aconsejó que no lo hiciéramos, ya que con el calor y la humedad no los soportaríamos, y que íbamos a agradecer más mojarnos un poquito, y tuvo toda la razón.

Nos pusimos ropa ligera, preparamos un par de mochilas y el resto lo dejamos en consigna y nos preparamos para la caminata. El día es espléndido, hace calor y hay muchísima humedad, así que nos hacemos con unas botellas de agua, pues prevemos que nos van a hacer falta.

Hay diferentes recorridos, y vamos a hacer todos, así que empezamos por:

Garganta del Diablo (el punto más alejado)

Nos vamos hacia la estación a coger “el tren de la selva”, un tren “chu-chu” que nos lleva hasta la misma Garganta del Diablo.

Dejamos el tren y a través de una pasarela entre la vegetación y cruzando corrientes de agua (el guía nos muestra y comenta los diferentes tipos de vegetación y animalitos que allí se encuentran, pero no se me quedaron todos los nombre, a lo largo de todos los recorridos vimos tucanes, guacamayos, lagartos, caimanes pequeños, mariposas y muchos tipos de pájaros... Todo muy interesante, pero el protagonismo lo tienen las cataratas), llegamos hasta una plataforma situada al mismo borde del “Salto Unión”, es el salto más grande de todas las cataratas de Iguazú, aprox. una caída de 70 mts. de altura, el caudal de agua es enorme, el agua te salpica, pero el ruido es atronador, el contemplarlo te pone los pelos de punta MARAVILLOSISIMO, hay que verlo, no hay palabras para describirlo, te quedas allí absorto sin poder separarte, yo estaría allí horas y horas escuchando su ruido, para mí era un relax estupendo, pero el guía se encarga de sacarte de tu mundo y te dice que hay que seguir caminando.

Volvemos por el mismo camino para coger el tren de vuelta, y bajamos en la “Estación Cataratas”para comenzar el:

Circuito Superior (llamado así porque en este recorrido, todos los saltos los contemplas desde la parte superior del río)

Se trata de un recorrido de pasarelas de aproximadamente 1 km., con 6 miradores desde los cuales se contemplan diferentes cascadas (Dos hermanas, Ramirez, Bossetti, Mendez, Mbigua y San Martin) todas ellas tienen su peculiar belleza, pero la más impresionante de este recorrido es “San Martin”. Aquí pudimos conocer a los pájaros típicos de las cataratas (sólo anidan en estas zonas) llamados “vencejos”, están colgados en las paredes y se parecen a las golondrinas, y como ellas, tampoco pueden remontar el vuelo desde el suelo.

Con el calor que hacía era una gozada sentir el frescor del agua en el cuerpo. También eran muy bonitos los arco-iris que se formaban en las cortinas de agua al atravesarlas la luz del sol.

Entre una cosa y otra llegó la hora de la comida, así que volvimos hasta un área de servicios y entramos al Restaurante La Selva, teníamos 1 h. para comer, así que no perdimos tiempo. Era buffete,(frío y caliente), parrilla, y postre, estaban muy bien cocinado. No fue nada caro (134,50 Pesos, aprox. 35 € por los 4, vino incluido).

Después de este receso, nos tocaba hacer el:

Circuito Inferior (pasarelas a media altura)

Se trata de un recorrido similar al de la mañana, pero las pasarelas están a un nivel más cerca del lecho del río. Por la mañana hemos visto las caídas desde el comienzo de la caída, y ahora las estamos contemplando a media altura. Aquí te mojas un poco más pues salpica más el agua al estar más cerca de dónde batea el agua. Este recorrido tiene aprox. 1,7 kms de largo y hay que subir y bajar escaleras para acercarte más al agua. También pasamos al lado de una pequeña cascada llamada “Salto Alvar Nuñez”, en referencia al conquistador español que descubrió este espectáculo. En este recorrido se puede admirar desde otra perspectiva (de frente), aunque un poco más alejado, la garganta del “Salto San Martin” y sus cortinas de agua.

También nos hemos encontrado por el camino, con los “famosos” coatís, son unos animales parecidos al tejón, con una cola muy bonita, y con los que tienes que tener bastante cuidado, ya que si te descuidas, y especialmente si es algo de comida, te pueden asaltar para quitártelo.


Una vez terminado este recorrido, nos acercamos al borde del río, pues vamos a hacer un recorrido en “gomón” (barca hinchable) por las aguas turbulentas de la garganta del diablo y la del Salto San Martin.

Nos preparamos para embarcar, nos facilitan unas bolsas impermeables para que protejamos del agua las cámaras, ropa, zapatos, etc. y nos colocan un chaleco salvavidas. Salimos del embarcadero y nos dirigimos río arriba hacia la garganta del diablo, es emocionante, al llegar a la altura del “Salto Tres Mosqueteros” nos meten literalmente debajo de la caída de agua, por lo que recibes una soberbia “ducha” con masaje incluido, como parece que a algunos les gustó la experiencia, pidieron repetición y tuvimos una segunda ducha, caía el agua a saco y golpeaba que daba gusto, no nos quedó seco ni un solo mm2 de nuestro cuerpo. Todavía quitándonos el agua de los ojos y la nariz, nos llevan a todo gas hacia la otra garganta, aquí al ser el salto mucho más grande, sólo nos metieron detrás de la cortina de agua que formaba el batir del agua, pero daba la sensación de que estabas en medio de una tormenta de agua, no veías nada alrededor, esta ducha fue más suave.

Para rematar el paseo, nos han bajado a todo gas por los rápidos, había que agarrase fuerte porque saltabas que daba gusto, hemos llegado a otro embarcadero y allí nos han dejado, remojados como pollos, pero con muy buen sabor de boca. Una experiencia GENIAL.

De aquí hemos subido unas cuantas escaleras hasta llegar a un alto donde nos estaba esperando un camión (como los de los guerrilleros en la selva), con bancos corridos en el remolque, y nos han dado un paseo de unos 8km por caminos dentro de la selva, parándose en sitios para que contemplásemos la vegetación y los animales. Hemos tenido suerte y hemos visto un par de “tucanes” (con sus vistosos colores), suele ser bastante difícil verlos, ya que normalmente huyen de la gente y los ruidos. Este recorrido selvático termina en el área de entrada, por lo que una vez bajados del camión hemos ido a ponernos ropa seca, hemos recogido las otras mochilas y ya nos hemos encontrado con nuestro guía que nos ha acercado hasta el hotel.

ME ENCANTAN LAS CATARATAS, ¡¡¡¡¡YO LO HE DISFRUTADO COMO UNA ENANA!!!!!

Nos hemos alojado en el “Iguazú Lodge”, es un complejo de apartamentos que no están mal (nos han dado uno bastante grande por cierto), nos hemos duchado y hemos quedado para ir a conocer el pueblo (no vale nada), hemos recorrido sus dos calles, tomado unos vinos, y después de ver los restaurantes, algunos con muy buena pinta, a uno se le ha ocurrido cenar al aire libre y no hemos tenido suerte. La atención ha silo malísima, aparte de tardar en servirnos casi una hora, nos ha traído la comida a medio hacer. Nos hemos enfadado, hemos protestado y devuelto la comida, y a punto hemos estado de marcharnos sin pagar. En fin ha sido el “puntito” negro del día. Hemos cogido un taxi y nos hemos ido a dormir para estar fuertes para el día siguiente.

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